ABECEDARIO HERMENÉUTICO DE LA LECTOESCRITURA

Galo Guerrero-Jiménez

 Armadura y lectura 

En un relato muy difundido del escritor Robert FisherEl caballero de la armadura oxidada, hay una bonita metáfora que nos permite introducir este artículo sobre la lectura: “A todos alguna armadura nos tiene atrapados”. Esta armadura, según la naturaleza humana y los problemas personales de cada individuo, simboliza los prejuicios y los impedimentos de diferente índole que no le permiten a la persona adentrarse en algún asunto importante de su vida para desarrollar su calidad humana. 

 

Es bueno que hagamos el esfuerzo por descubrir qué armadura, es decir, qué problema nos tiene atrapados que no nos permite, en este caso, tomar a la lectura como una fuente de enriquecimiento personal. La resistencia a leer, sabiendo leer, es una resistencia a no querer dejarse ayudar para ser mejor en la vida, en la profesión y en la familia. 

El momento en que la armadura desaparezca, nuestra ascensión para sacar a luz la diversidad de enseñanzas que el acto de leer provoca, será tan real que el lector aprenderá a darse cuenta que no nació con esa armadura, sino que él mismo, como una tortura, se la impuso, tal vez desde siempre. Desde una lectura pausada y conscientemente asumida, comprenderá que es fácil desprenderse de tan pesada carga. Sin la armadura, el lector aprende a conectarse a la fuente de la vida. 

Con la armadura, la mente se vuelve muy limitada, la inteligencia se siente atrapada y, por lo tanto, la verdad aparece como un insulto. 

 

Si se está con la armadura, se lee, pero no se siente lo que se lee; es como querer demostrar que se es bueno, generoso y amoroso, como dice Fisher, cuando no hay razón para demostrarlo, sino para vivirlo. 

 

Lo bueno es que sin la armadura uno aprende a ver, lo que antes viendo no comprendía. Y es que se aprende a ver la vida realmente cuando algo bulle en mi interior que me motiva, con voluntad y hasta con tenacidad, a conocer, reconocer y valorar todo lo que antes no era capaz de darle sentido porque nada me llegaba ni a la cabeza ni al corazón. 

Limpios la cabeza y el corazón de toda maleza, las ilusiones, los proyectos y las proyecciones humanas se convierten en hermosas experiencias que desde la lectura nos permiten descubrir las bondades y las oportunidades que la vida nos brinda para realizarnos, hasta tal punto que nos podemos dar cuenta que no solo uno, sino los demás y todo cuanto existe es maravilloso. 

 

Fisher sostiene que como la mayoría de la gente está atrapada en su armadura, entonces pone barreras para protegerse de lo que cree que él es. Desde esta óptica, muy pocos llegan a comprender la verdad, y por eso no pueden ser felices ni llegar a descubrir que “somos todos parte el uno del otro”. 

El libro es nuestra parte y es el otro; por eso nos promueve y nos conmueve, nos humaniza, nos proyecta y nos llena de esfuerzos, porque a través de la lectura, vemos como nuestra mente, y sobre todo nuestra alma, es decir, nuestra realidad interior, se nutre de la savia de la verdad y de la felicidad; porque, dentro del maravilloso mundo de la lectura, nuestra vida se enriquece hasta el punto en que, como sostienen Bruno Bettelhem y Karen Zelan, es uno el que elige ser una persona instruida, aunque para ello haga falta mucha aplicación. 

Bettelheim, B., Zelan, K. (1983). Aprender a leer. Traducción de Jordi Beltrán Ferrer. Barcelona: Crítica. 

Fisher, R. (1989). El caballero de la armadura oxidada. USA: Ediciones Obelisco.