ABECEDARIO HERMENÉUTICO DE LA LECTOESCRITURA

Galo Guerrero-Jiménez

Avivar la lengua desde la lectura 

La interacción de unas palabras con otras, bien al hablar, al escuchar y, sobre todo, al leer nos proporciona un comportamiento lingüístico, e incluso un comportamiento ético, es decir, un modo de ser muy personal, una especie de conducta comunicativa en cuyo acoplamiento social aprendemos a relacionarnos para direccionar nuestra vida. 

Por eso, dentro del sistema social al cual nos pertenecemos, la lectura nos permite marcar una distinción lingüística muy peculiar, muy propia, y que hace posible una especie de creación cultural básica para movernos con fluidez en el campo ocupacional o profesional por el cual, de conformidad con nuestros intereses y, ante todo, desde nuestra vocación, hayamos decidido optar. 

Pues, la lectura de un texto determinado nos lleva a una co-creación según el objeto de estudio que hayamos asumido para esa ocasión textual; el escritor es el que a mí, como lector, me da unas pautas específicas para, con mi acervo cultural, con mis conocimientos previos, y de conformidad con el contexto en el cual me desenvuelvo, poder recrear el texto leído; de él extraigo mi propia subjetividad; a través de él asumo un determinado comportamiento, una co-creación, es decir, una ocasión muy propia para interpretar esa realidad textual. 

De esta manera, aparece una expresión concreta, individual, adecuada en cada lector, con unas posibilidades y unas coordenadas lingüísticas para relacionarse en el ámbito social y cultural. Desde la lectura, entonces, aparece una dinamicidad para avivar la lengua, la comunicación, el contacto dialogal y comportamental con el otro. Desde la lectura aparece un hablante, un comunicador que “no solo sabe qué dice, sino cómo se dice y cómo no se dice, pues de otro modo no podría siquiera hablar” (Krauze, 2011, p. 50) o lo haría de cualquier otra manera, a veces sin son ni ton, aunque siempre con su propia experiencia de vida. 

Avivar la lengua, la ciencia, lo humano desde la lectura, puesto que, como decía el lingüista francés Eugenio Coseriu: “La lengua no está hecha, sino que se hace continuamente por la actividad lingüística concreta” (citado por Krauze, 2011, p. 49). En efecto, un lector activo “desea leer adecuadamente, y poner en relación la lectura del texto con la experiencia personal y la experiencia de la cultura a la que uno pertenece” (Williams, 2013, p. 39) Así, aparece un desarrollo vital del lenguaje, una experiencia personal que se aviva en atención a una conciencia lingüística muy propia para saber lo que dicen las palabras y cómo las relaciono con mi entorno social y cultural. 

Leer para un saber relacionarme, leer para un saber hacer, consciente, actuante, vivificante. Leer para un saber lingüístico, para un despertar de la lengua y desde una dinámica co-creadora. Leer para pertenecer al país de la dinámica social y al bosque de las palabras que dinamizan la vida, que la hacen más humana.  

Leer lo que sea posible, lo que esté a nuestro alcance personal e intelectual y, sobre todo, con nuestros intereses de vida. Lo dice Gustavo Martín (2013) cuando pondera la validez de leer cuentos:  

Los cuentos son como esos senderos que se internan en el bosque y nos permiten                      conocer lo que oculta y acercarnos a lo más  escondido y encantador. También,                      una forma de expresar nuestra gratitud por el hecho de vivir. Creo que la vida es un don, un don asombroso, y el mundo de los cuentos habla de lo dulce, maravilloso y, a veces, terrible que es pertenecer a ese país de los vivos. (pp. 47-48)

Martín Garzo, G. (2013). Una casa de palabras. En torno a los cuentos maravillosos. México: Océano /Travesía.  

Krauze, E. (2011). Desnudando a la musa: ¿qué hay detrás del talento literario? México, D. F.: El Centauro. 

Williams, R. (2013). Lectura y crítica. Buenos Aires: Ediciones Godot / Colección Exhumaciones.